TRASTORNO ALIMENTACIÓN

COMIDA Y NAVIDAD

Cuando la Navidad es una pesadilla

Las Navidades, ya sabes, no son siempre guais. En algunas circunstancias, pueden volverse difíciles e incluso convertirse en un auténtico tormento. 

Si tienes una relación complicada con la comida, sabes de lo que te hablo.

Ansiedad, Navidad y comida:

La Navidad puede ser una experiencia abrumadora si tienes un problema con la alimentación, ya sea diagnosticado o no. Es como estar frente a una orgía de tentación y exceso. 

Y si, en circunstancias normales, te resulta difícil encontrar el equilibrio o disfrutar de una relación sana y tranquila con la comida, durante estas fechas, la ansiedad y la tensión crecen. 

Familia, Navidad y comida:

A este desafío se suma la interacción con otras personas. Personas que, probablemente, no comprenderán lo que estás viviendo ni sabrán cómo acompañarte. Estar rodeado de familiares que hace tiempo que no ves, o que incluso te caen mal, hace que la prueba de fuego sea todavía más difícil. 

Antes de las comidas:

El mal rollo no se limita solo a las comidas; es un nubarrón que te sigue desde días antes y perdura incluso después de que termine la Navidad. 

Todo comienza, más o menos, cuando Mariah Carey empieza a sonar. En esos días, la ansiedad se dispara: el tipo de comida, la cantidad y el tiempo que tendrás que pasar frente a ella se convierte en una especie de triángulo de las Bermudas. Un lugar donde tu calma y tu control se ponen a prueba. 

A veces, esta anticipación viene acompañada de comportamientos que intentan evitar el descontrol, son las conductas compensatorias: aumento del ejercicio físico o la actividad en general, la restricción de alimentos, el ayuno, el uso excesivo de diuréticos o laxantes, incremento de los vómitos, etc.

Durante las comidas: 

Durante las comidas, la tensión y el miedo se desatan. Es como si estuvieras intentando dejar de fumar, pero te sentaras en una mesa rodeada de personas que no dejan de fumar. Está ahí omnipresente y poderoso: el miedo a perder el control. Miedo a engordar, miedo a darte un atracón, a que los demás lo noten, a sentirte culpable después. Miedo, miedo y más miedo.

Después de las comidas: 

El periodo posterior a las Navidades tampoco suele ser más fácil. A las conductas compensatorias, que intentan «reparar» lo que se percibe como un error, se suman con frecuencia la culpa y la vergüenza. Culpa por haber perdido el control o por no haber cumplido con lo que esperabas. Culpa por no haber alcanzado tus propias expectativas, por saltarte el plan terapéutico o por haber fallado a alguien con quien te habías comprometido. Y, por supuesto, la vergüenza, siempre acompañando a la culpa.

Si ahora mismo estás pasando por esta movida, quiero decirte que:

  • Tiene un gran mérito esta lucha. Es completamente normal que estés ansiosa.
  • Sé amable contigo misma y ten paciencia. Este camino no es lineal, y las Navidades pueden ser un verdadero campo de minas.
  • No estás sola: muchas personas están pasando por lo mismo que tú. No eres rara, y molas como eres. 
  • Mantén la esperanza. Te lo prometo, he visto a cientos de personas superar esto y ahora disfrutan de los turrones con total tranquilidad.
  • Si no has pedido ayuda todavía, hazlo, vale la pena.

Este post está escrito con el propósito de visibilizar el problema, mostrar solidaridad con quienes lo están viviendo y ofrecer esperanza para asegurarte que es posible superarlo.

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